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Gaman

  • Foto del escritor: Javier Coindreau
    Javier Coindreau
  • 11 nov 2025
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 21 nov 2025


Visité Hiroshima y Nagasaki esta primavera. Impresionante lugar de resiliencia y antifragilidad, de calma reflexiva, diría. Hoy en esas ciudades se recuerda una tragedia indecible con paz, respeto y visión de futuro. Le pregunté a algunos locales de ambas ciudades cómo se sentían con respecto a los Estados Unidos al recordar la guerra y las bombas atómicas. En general, todos lo recuerdan con perdón y aprendizaje, alguno que otro con dolor, pero nadie con indiferencia. Pero dos respuestas me tocaron el alma y la reflexión. Una señora en Hiroshima me dijo “no despreciamos a los estadounidenses, despreciamos la guerra”. Otra persona en Nagasaki me dijo “todos sufren en la guerra, lo importante es cómo respondemos a ese sufrimiento”. Una postura sólidamente estoica.


Estas conversaciones en Japón me recordaron su concepto “Gaman” [Gá-man] no tiene traducción directa, es el arte creativo de afrontar e internalizar el sufrimiento con dignidad.

Gaman significa entereza, paciencia imperturbable y firmeza ante la adversidad, ante lo que no se puede cambiar, aceptando el sufrimiento y siguiendo en la lucha con honor. Es un término que transmite renuncia a la queja, significa paciencia y adaptación a la realidad sin lamentarse, por difícil que sea. El arte de Gaman refleja a una sociedad con fortaleza de carácter, temple y perseverancia.


He visto pacientes en mi práctica clínica que enfrentan los retos de su padecimiento con este espíritu, con entereza, con un optimismo en acción que me resulta inspirador y potenciado con amor por la vida y la gente. Y pienso que sin duda la relación médico-paciente tiene el poder de magnificar este efecto o al menos de iniciarlo.


Me gusta el concepto de Gaman. Deberíamos aprenderlo, vivirlo, contagiarlo.


 

 
 
 

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